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28 de abril de 2020

Encerrados por el virus, segunda parte. La nueva normalidad.



Hace unos días, llegó el momento más esperado por lo niños, el poder volver a la calle y dar un paseo. Por poco ni llega, ya que al principio solo se les iban a dejar a acompañar a los padres al super o al estanco.
Por fin, la libertad. O no sé, si esto se puede llamar la libertad, o quizás es mejor decir “la nueva normalidad”. Ese último término me da escalofríos. 
El ser humano es un animal social y necesita a los abrazos, besos, conversaciones y risas. Todo esto por ahora está prohibido, les explicamos todos los días a los niños en casa que si te encuentras un amigo en la calle, ni te acerques. Mi hija es muy cariñosa, a veces repartía abrazos llenos de amor a diestro y siniestro, y no veas como la cara de alguna abuelita a la que no conocíamos de nada se iluminaba para el resto del día. Siempre le reñíamos por estas cosas, pero es que ella es todo hecha de amor y lo quiere repartir.

Los niños necesitan tocar cosas, tumbarse en la hierba, observar los bichitos, jugar con piedras, palos y hojas. El estar en contacto con la tierra y con los animales es esencial para ellos y también para los adultos. Vivimos en un piso alto en una torre de 24 plantas. Durante el confinamiento me di cuenta como el estar lejos de la tierra, me deja sin energía, sin aliento, como si estuviera colgando de un hilo en una caja de cartón. Cada vez me doy más cuenta de que necesito tener una casa con terreno, vivir como vivían nuestros antepasados hasta no hace mucho y tener mi huerta. Suertudos los que tengan la huerta, porque con lo que nos viene encima, así por lo menos tendrán algo que llevar a la boca.

Los niños en casa han podido por fin estar con los padres todo el tiempo, igual que se ha vivido durante muchos siglos. Ahora nos pueden ver haciendo tareas de casa y participar en ellas. Se dan cuenta que la comida no aparece en el plato por arte de magia, que la casa hay que limpiarla y cuidarla para poder vivir en ella. Muchos pequeños se pasan días observando como la semilla de la lenteja que plantaron en el tiesto, está germinando, cómo le salen las hojas. La verdad que ese ritmo frenético que había antes, no les dejaba ver como es la vida en realidad, muchos de ellos prácticamente no veían sus padres durante los días laborables, o estaban todo el día con los abuelos, los niños mayores en colegio y el resto de la tarde en las clases extraescolares.
Quizás sí hacía falta que el mundo nos diga alto y claro: “¡Parad de una vez!”

A mi hija no le gusta solo pasear sin propósito y menos con las manos en los bolsillos. Me está pareciendo estos paseos al patio de una cárcel. Hemos salido de la celda de aislamiento y ahora nos dejan pasear en el patio con las manos en la espalda.
Cuando conté a mi madre que vive en Estonia que ya los niños pueden salir a la calle, una hora y sin tocar nada, pero no te lo pierdas, los niños hasta los 14 años, que si tienes 14 y medio, no sales, se quedó de cuadros. Me parece todo lo que pasa aquí en España muy absurdo y surrealista.

En los países nórdicos, como por ejemplo Estonia, la crisis sanitario no los ha pillado sin preparación. Estonia es el primero de Europa por el uso de las nuevas tecnologías, no hay trámite que no se pueda hacer on-line. (Excepto casarse y divorciarse, para esto sí que hay que personar.)
La novedad de estudiar desde casa tampoco les ha dejado paralizados, de hecho este pequeño país que lidera los rankings educativos, está compartiendo gratuitamente su plataforma de enseñanza digital con la comunidad internacional. 
Muchos padres ya trabajaban parcialmente desde casa antes, así que tampoco se va a paralizar la economía tanto como en España.
Foto Kaarel Kivisikk

Durante todo este tiempo, los niños han salido a la calle, a la naturaleza (que allí hay mucha) y sobre todo hacer deporte al aire libre. Los adultos también, por supuesto. Todos quieren seguir siendo sanos y fuertes. Los parques infantiles ya están abiertos, aunque la gente prefiere ir al campo, al bosque a practicar senderismo por ejemplo.
Espero que pronto seremos libres de verdad otra vez y que podamos cuidar de nuestra salud física y mental, para así poder enfrentarnos mejor a cualquier virus o problema que surja.

30 de marzo de 2020

Encerrados por el vírus


El diario de los cabernícolas, semana 2.

Aquí seguimos ya dos semanas con el confinamiento, metidos en la cueva con mi pequeña de 4 años, su padre y yo.
Por un lado, he descubierto que este mal tiene también su cara positiva, en forma del tiempo que nos han regalado para estar juntos, aprender juntos, explorar los límites de nuestra imaginación, de paciencia, de aceptar las cosas. Mi hija Leire ha sido la que mejor se lo ha tomado y creo debemos aprender de los niños.
Voy a nombrar todas las cosas positivas del confinamiento que se me han ocurrido.
A los niños les encanta hacer actividades con los papás, posiblemente no teníamos tanto tiempo para esto cuando iban al cole. Nuestra rutina diaria consistía en llevarles a las 9 al cole, a las cinco de la tarde íbamos al parque a jugar, a las siete a casa; tocaba el baño, ponerse el pijama, jugar un rato mientras preparaba la cena y después el cuento y a dormir. Ya veis, para jugar juntos, prácticamente no nos daba tiempo. Ahora podemos prestarle atención individualizada, cosa que en el colegio, con 25 niños por aula evidentemente no pueden hacer. Enseguida me doy cuenta cuando hay que repasar algo, cuando no ha entendido algo y se lo explico y así no pierde el hilo.
Mi niña en el cole se siente un poco tímida e insegura hablando y no le gusta el alboroto. En casa, después de una semana, se le nota un avance importante en el nivel de habla y se expresa con mucha seguridad. Bueno, no para de hablar, jiji
Aprendemos todos los días algo de inglés. En el colegio donde iba antes de mudarnos, en Navarra, se les hablaba inglés casi todo el día. Y se notaba. Aquí en Alicante, la verdad que con las dos clases de inglés a la semana, no noto mucho avance, además de que se ha añadido otra lengua más, el valenciano, lo cual hace que la niña que ya tenía que aprender castellano, estonio (la lengua materna que tampoco le puedo dar mucha caña con todo el babel de idiomas que hay), inglés y ahora también valenciano, su pobre cabeza tiene un buen lío. Lo que sí tengo claro que para su futuro, necesita saber bien de inglés y castellano perfecto tanto hablado como escrito y que me parece que este trabajo tendré que asegurarlo en casa.
Volviendo a las actividades en inglés, hacemos actividades acompañando con canciones, por ejemplo; para lavar los dientes cantamos “This is the way we brush our teeth”, para recoger los juguetes cantamos “Clean up, clean up, everybody let's clean up”. Así los pequeños se asocian la actividad con el vocabulario sin darse cuenta.
Pintamos objetos y los nombramos en inglés. Buscamos un objeto entre otras cosas, por ejemplo le digo que busque la estrella entre muchos otros dibujos y lo apunta con el dedo, hablando en inglés, por supuesto. Jugamos con el app @Lingokids, me encanta y también le gusta a Leire. Para ella es un juego, pero está aprendiendo muchas palabras y canciones y solo llevamos una semana. Probarlo, hay más apps, yo he descargado este, la versión gratuita y con esto de momento nos basta.
Para mantenernos en forma, hacemos yoga en casa. Cada uno a su manera. Para ella le he puesto vídeos de youtube de Smile and Learn para hacer posturas de animales y otro vídeo para aprender “saludo al sol” acompañando con una canción, es chulísimo. La verdad que en un piso pequeño y lleno de cosas, prácticamente no tenemos sitio para hacer gimnasia, pero de momento nos apañamos saltando en la cama, saltando a pata coja, haciendo yoga y jugando al pilla-pilla.
Antes no tuvimos nada de tiempo para que mi niña participe en las tareas de casa, para que vea esa parte del día de cuando mamá o papá están limpiando, preparando la comida, haciendo la colada, etc. A los niños les encanta sentirse útiles y participar. Ayer me pidió fregar los platos y se trajo su escalón para llegar al fregadero. Fue un poco desastre, pero bueno, lo intentó. El otro día hicimos tortitas, las masa la hizo ella solita y le encantó. Eso de mezclar cosas a los niños les chifla.
Pero la vida de los cabernícolas a veces es también desesperante. Parece que hasta el tiempo se ha puesto en nuestra contra. Aquí en Alicante, yo no recuerdo que haya habido tantos días de frío y lluvia seguidos. Ni siquiera hemos podido salir al balcón. Y hay gente que no tienen ni siquiera un balcón. A veces me pongo a pensar en todos los niños que no pueden salir a tomar un poco de aire y moverse y se me encoge el corazón. Siento que se nos han quitado la libertad. No entiendo que un perro tiene derecho a pasear y un niño no. Yo soy de Estonia y allí los niños también estudian a distancia ahora. Les recomiendan actividades al aire libre, por ejemplo, las clases de ciencias naturales consisten en salir a los parajes naturales con los padres, actividades deportivas se hacen al aire libre. Es importante mantenerse fuertes y sanos y tomar todo el sol que se pueda para tener las defensas altas. ¿Tiene sentido, verdad?
Y nosotros todos aquí encerrados, ¿qué pasa con nuestro salud físico y sobre todo mental? ¿Cuántos meses podemos quedarnos en la cueva sin volvernos majaras? Nuestras defensas con tanto estrés y miedo que nos están metiendo con las noticias que nos bombardean a todas horas, van a caer bajo mínimos.
Siento por desahogarme así, pero lo necesitaba. Tú también lo necesitas y quiero que lo hagas en los comentarios, cuéntame cómo lo estáis llevando, lo bueno y lo malo.


19 de marzo de 2020

Reseña La caja de los recuerdos



Hemos descubierto en la biblioteca otro libro precioso que quería recomendaros. Se llama “La caja de los recuerdos”.
Autora del texto: Anna Castagnoli
Ilustraciones: Isabelle Arsenault
Editorial OQO
Edad: a partir de 2 años
ISBN: 978-84-9871-077-9
Erase una vez una caja con una estrella rota, no valía gran cosa. Así empieza el cuento que a nosotras nos transmite la sensación de paz y armonía. Un libro que hace reflexionar sobre el valor que damos a las cosas. Las cosas que en principio no valen nada, pero nosotros le empezamos a atribuir un valor sentimental. Igual que la niña protagonista, que a lo largo del tiempo ha ido guardando sus pequeños tesoros en su caja de los recuerdos heredada de su madre y hasta ha puesto nombres a las pierdas que cogió de la playa, cuidaba su pajarito de lana, dándole migas de pan.
A la protagonista le hacía gracia pensar que la caja la había creado ella, como una ostra crea a una perla. La niña comprendió que dejando marchar esas cosas, dejamos más sitio a la imaginación. Justo de la imaginación y la abundancia de cosas he hablado en mi otro artículo: La generación de los niños sin jugar.
Contando en primera persona, nos hace entrar en su maravilloso mundo infantil y nos ponemos en su piel para entender sus pensamientos; haciéndonos partícipes de su evolución y de su generosidad. La autora Anna Castagnoli usa poesía en prosa, que tiene un ritmo mecedor y para mi hija Leire de cuatro años le funcionaba con un elixir para concebir dulces sueños.
Mientras yo me quedo leyendo sola el libro, pensando sobre el simbolismo que hay en él, estudiando las ilustraciones tan curiosas que tiene de Isabelle Arsenault, la ilustradora infantil canadiense galardonada con varios reconocimientos y premios.
Sus ilustraciones combinan varias técnicas como acuarela, rotuladores y collage que combina perfectamente con la naturaleza del texto. Los dibujos van cambiando de un estilo más realista en el principio y cambiando cada vez a más abstracto, mientras la niña se va dejando marchar sus tesoros.
Hay un mensaje muy profundo en este libro: la energía nunca se pierde, sino se transforma, que me recuerda a una ley de física, pero también vale para la energía emocional, diciéndonos que siendo generosos y dejando marchar las cosas, se transforma en más espiritualidad, esa energía que nos retorna algún día en forma de algo agradable. Nada o nadie nos pertenece ni dura para siempre, hay que dejar ir.
Mientras que para al pequeño lector le ayuda por ejemplo entender que es hora de dejar su “mantita” o el chupete, o consolarle porque se le ha perdido su peluche favorito.
El libro termina con una sorpresa, os dejo con ganas de descubrirlo.
Ahora que por las circunstancias debemos quedar en casa por mucho tiempo, esta lectura es ideal para pasar el rato leyendo con tu peque y pensar y valorar las cosas desde un nuevo ángulo.
Nada me haría más feliz que leer vuestros comentarios. ¿Que tal lo lleváis con vuestros peques en casa?